Probando, probando

Probando, probando

¿Se nos lee? Porque vaya quebraderos de cabeza que puede darnos esto de la informática, las nuevas tecnologías y toda la pesca. Menos mal que estaban para hacernos la vida más fácil… Ejem.

Pues eso, que parece que el blog vuelve a estar operativo, con bastante ayuda por parte del servicio técnico del alojamiento web (¡Gracias!). Ahora solo nos falta actualizarlo de vez en cuando, si el tiempo nos lo permite. Y las ganas. Y la inspiración. Y… En fin, ya nos entendéis.

Como desactivamos en su momento los comentarios en el blog para evitarnos disgustos con el último reglamento de protección de datos, vamos a limitarnos a compartir esta minientrada en redes sociales, y así ya hacemos todas las comprobaciones de rigor.

Vacaciones desconectadas

De verdad de la buena, palabrita, han sido unas vacaciones desconectadas, pero desconexión total y absoluta. Dos semanas de no encender el ordenador (así le ha costado responder al pobre esta mañana) y de despreocuparnos de absolutamente todo.

Fue activar el mensaje de respuesta automática para avisar de que estábamos de vacaciones y sentir la paz.*

Esas dos semanitas han dado para unas cuantas cosas, como descubrir un nuevo restaurante coreano (ñam ñam) y maravillarnos, una vez más, de la estulticia humana (hemos visto salmonetes menos colorados que la piel de algunos turistas).

Salmonete rojo
Salmonetes frescos

Las eternas largas tardes veraniegas parece que por fin están acabando y que el abrasador sol empieza a darnos una tregua. Y ahora lo que toca es volver, volver, volver… a la tecla otra vez. Ejem.

Así que aquí estamos, con alguna lectura bajo el brazo, las pilas cargadas y los hombros (algo) más relajados.

Vamos, que hemos vuelto.

 

 

*Vaaaaaaleeeee, en el mensaje incluíamos la coletilla de que si era urgente, se pusieran en contacto por teléfono, pero es un tecnicismo fruto de nuestro sentido de la responsabilidad hiperdesarrollado.

The Bletchley Circle

La entrada de hoy no va de libros, sino de una serie que podéis encontrar en Netflix: The Bletchley Circle. Ya tiene unos añitos (2012), pero ha sido ahora cuando la hemos visto.

Bletchley Enigma
The Bletchley Circle

Os ponemos en situación:

Han pasado varios años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y en Londres siguen intentando volver a la normalidad, aunque es un poco difícil cuando la cesta de la compra se hace con cartillas de racionamiento. La vida es todavía más difícil para las mujeres que durante la contienda jugaron un papel clave, como las que ayudaron en la descodificación de mensajes en sitios como Bletchley Park, y que ahora se ven obligadas a guardar silencio y a conformarse con unas vidas anodinas y sin retos.

Susan es una de estas mujeres, una brillante analista de patrones de comportamiento convertida en ama de casa y madre de dos hijos. Pero, ¿cómo quedarse callada cuando descubre un patrón en los asesinatos de varias mujeres? Cuando tras un primer intento fallido al acudir a la policía, Susan sabe que se le está escapando algo y les pide ayuda a tres antiguas compañeras de Bletchley: Millie, Jean y Lucy. Cada una tiene un talento especial que las hizo valiosísimas durante la guerra, pero que no tienen cabida en tiempos de paz.

Efectivamente, va de descubrir a un asesino. Y sí, emplean métodos deductivos y sus habilidades individuales para resolverlos mientras intentan ceñirse al juramento de confidencialidad que hicieron al abandonar Bletchley Park y no revelar sus secretos a las personas de su entorno.

Bah, diréis, un Sherlock Holmes en femenino. Sí y no. Sí porque es evidente que las protagonistas tienen un intelecto superior a la media. Y no porque la serie va de mucho más. Aquí insertamos un aviso a navegantes: el mensaje feminista es evidente en la crítica de la situación de cada una de las protagonistas.

Sensaciones

¿El sabor de boca que deja la serie? Enamora con la ambientación y con la actuación de las actrices (si no os importa leer, recomendamos verla en VOSE, porque las voces originales son maravillosas y aportan mucho a cada personaje). Y hay una crítica feroz al tratamiento que se les doy a las mujeres tras la contienda; cómo, tras haber participado activamente del esfuerzo de guerra, se las quiso devolver a un papel secundario y sumiso (Susan y Lucy son el ejemplo perfecto).

Por cierto, Rachel Stirling en el papel de Millie está maravillosa. Al igual que Julie Graham en el papel de Jean (y menuda caracterización).

Como aspecto negativo, la rapidez con la que sucede todo, en especial los saltos lógicos que dan las protagonistas. Que sí, que sabemos que son muy listas, pero un poquito más de desarrollo no habría estado mal. Claro que son capítulos cortos (de unos 45 minutos) y no se puede pedir demasiado.

Si queréis saber un poco más, os dejamos enlace a la ficha de la serie en FilmAffinity (español) y en IMDB (inglés).

 

 

Egipto, la piedra Rosetta y Rupert

El pasado sábado hizo la friolera de 218 desde que se descubriera la piedra Rosetta, clave para desentrañar los jeroglíficos egipcios que tanto fascinaban al mundo. Si queréis visitarla, tenéis que ir a Londres, al Museo Británico o Bristish Museum o como queráis llamarlo. Donde tiene esas cositas griegas tan monas…

Para resumir, la piedra Rosetta es un tocho* de eso, piedra, en el que está grabado un texto concreto. Sí, sí, un solo texto… pero en tres idiomas distintos: jeroglíficos egipcios primero, luego demótico y, por último, griego antiguo. Vamos, que sirvió como clave para poder descifrar los jeroglíficos egipcios, hasta entonces impenetrables.

Rosetta stone
Piedra de Rosetta

En 1799 la descubrió un soldado francés durante la campaña en Egipto del país galo. Y luego, por las carambolas del destino (vamos, cuando los franceses perdieron ante los ingleses en Egipto en 1801, y gracias a la Capitulación de Alejandría), acabó en Londres en 1802. Y allí lleva desde entonces.

Ahora vamos con el título… Egipto, la piedra Rosetta y Rupert. La relación de Egipto y la piedra Rosetta es más evidente, pero ¿Rupert? ¿Quién es ese Rupert? Pues os lo vamos a decir: Rupert es quien queremos ser de mayores. Bueno, vale, no queremos ser Rupert, pero no nos importaría tenerlo cerca. Es el protagonista de Imposible, de Loretta Chase, la segunda entrega de la saga de los Carsington que tuvimos el placer de traducir. Y fue un placer absoluto (aunque nos dio sus quebraderos de cabeza) por las risas que nos echamos.

Imposible Egipto Rupert
Imposible, de Loretta Chase

Rupert es un niño grande, un hombre que a simple vista es un tontorrón, muy dado a las bravuconadas y a solventar los problemas a puñetazos, pero que en realidad es más listo que el hambre. Fijaos si es listo, que acaba casándose con toda una egiptóloga, una mujer muy moderna, con estudios y sin miedo a demostrar que tenía una cabeza muy bien amueblada.

En el momento en el que transcurre la novela, la piedra de Rosetta ya se había descubierto, pero todavía no se habían descifrado los jeroglíficos. No, eso sería un poco después, cuando Jean-François Champollion lo consiguiera un año más tarde (exacto, gracias en gran medida a la piedra Rosetta). Pero Dafne, nuestra protagonista, está a un paso de hacerlo, que para eso es un coco.

Ahora a lo mejor os preguntáis cómo leches pasamos del aniversario del descubrimiento de la piedra Rosetta a un libro que tiene de disertación científica lo que nosotras de monjas carmelitas, pero es que nuestras conexiones cerebrales funcionan así, qué le vamos a hacer…

 

*La piedra Rosetta es, en realidad, un fragmento de una estela egipcia, de un material llamado granodiorita (roca ígnea plutónica, parecida al granito), lo del «tocho» es cuestión de licencia poética y tal… Ejem.

 

 

Joyas reales

Pero con joyas reales no solo nos referimos a que sean auténticas, que también, sino a que pertenecen a la realeza, cosas de la polisemia… Por cierto, que sepáis que el corrector tiene que hacérselo mirar si al poner «polisemia» sugiere «poligamia».

A lo que íbamos, las joyas reales.

Por si no lo sabíais, los reyes de España están visitando a sus parientes ingleses en la pérfida Albión (sí, están emparentados… raro sería que las casas reales europeas no lo estuvieran) y hemos tenido el aluvión habitual de fotografías, vídeos y anécdotas.

Incluso hay quienes se pusieron a ver el vídeo en directo emitido por el canal de la Casa Real española en Youtube de la cena de gala ofrecida por la reina de Inglaterra… Que no sabemos quién ha podido ser, de verdad que ni idea. Ejem.

Como no terminamos de ponernos de acuerdo en si la decisión de nuestra querida reina de fundirse con la alfombra roja fue acertada o no (hay quienes ven un parecido más que razonable entre su vestido de Felipe Varela y un original de Zuhair Murad), hemos decidido centrarnos en las joyas que llevaba Catalina (Kate Middleton, duquesa de Cambridge, para que nadie se pierda).

Ruby and Diamond Floral Bandeau Necklace
Collar de diamantes y rubíes de la reina Isabel II

¿A que impresiona? Pues puesto, junto con una tiara, todavía más.

Duchess of Cambridge with the Ruby and Diamond Floral Bandeau Necklace
La duquesa de Cambridge en la cena de gala

El collar pertenece a una colección que recibió la reina Isabel II como regalo de bodas de sus padres y que ha salido a pasear en varias ocasiones, pero es la primera vez que la duquesa de Cambridge lo usa (en plan préstamo, no os vayáis a creer). ¿Hemos dicho ya que es impresionante? Pues eso.

Hay infinidad de páginas que podéis consultar para conocer más detalles de la visita (periódicos incluidos), pero os recomendamos The Royal Order of Sartorius Splendor (con otro blog paralelo: From Her Majesty’s Jewel Vault). Solo por las fotos merece la pena, y de la cantidad de información ya no os decimos nada.

En fin, que nos quedamos mirando fotos un ratito más. ¡Qué nos gustan los brillos estos!

De calores primaverales y otras hierbas

Ah, sí, como que no íbamos a hablar nosotras del temita. De calores primaverales y otras hierbas… hierbas secas, se entiende, porque poco (nada) verde queda por nuestros respectivos lares. A lo mejor por eso nos encantan las fotos de frondosos bosques con su riachuelo y su casita pintoresca. Y mucha sombra. Algo que tampoco abunda, que se ve que como en el extranjero nos conocen por el sol, no es plan de taparlo de alguna manera.

No vamos a hablar de si en los colegios debería haber aire acondicionado o no, o de si deberían tener un buen aislamiento térmico (que igual sirve para verano o para invierno), una buena orientación, zonas de sombra y un ratio lógico y razonable de alumnos por aula. Upsss, parece que ya hemos dicho algo.

Tampoco vamos a hablar de las fiestas escolares que se alargan de madrugada para gozo de padres, no tanto así de sufridos vecinos. Upsssssssss, y ya van dos.

De lo que sí vamos a hablar es de lo que nos gustaría hacer a nosotras ahora mismo, hasta que pase el dichoso verano que todavía no ha llegado (¡Madre mía, si esto ha sido en primavera, julio y agosto pueden ser mortales de necesidad!). Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras (algo discutible, pero es lo que se anda diciendo por ahí), os ponemos la siguiente:

 

Muchacha en hamaca
Girl in a hammock

¿Veis? Una hamaca. Árboles. Sombra. Y nada que hacer. Sobre todo eso, nada que hacer salvo dormir (esa buena siesta), leer o contar mosquitos… Ejem, esto último se nos ha colado, será por las picaduras que ya llevamos a cuestas.

Un sueño precioso, lo sabemos. Pero juramos por San Split que no hemos tomado ninguna hierba, aunque aparezcan en el título de la entrada. En fin, como no nos queda más remedio que seguir dándole a la tecla (y afortunadas somos de hacerlo), nos contentaremos con seguir soñando con un lugar verde, frondoso y fresco.

Y a quienes nos leéis, recordad: bebed mucha agua, usad protección solar y buscad la sombra siempre que podáis. Ah, y por mucho que nos gusten los abanicos, hay ocasiones en las que solo sirven para remover el aire caliente, por mucho que rebuznen algunos elementos.

Prevuelta

O las cositas que hacer antes de volver…

Sí, sí, prevuelta, es justo como suena. Cosas como averiguar qué leches le pasa al SAI (para los entes profanos: Sistema de Alimentación Ininterrumpida o el cacharro para que te dé tiempo a apagar el ordenador sin problemas cuando hay un corte de luz). O como comprobar que todo esté actualizado en el ordenador.

También podríamos haber redactado una entrada épica sobre un unboxing… En concreto, el de una silla de oficina comodísima, pero ¿para qué? Quien más y quien menos ya sabe lo que es un mueble de Ikea.

En fin, que lo bueno se nos acaba y hay que preparar el cuerpo, y el entorno laboral, para la vuelta. Antes, eso sí, nos pasaremos por los contenedores de papel y de plástico, que parece que hemos montado una casa entera en vez de una simple silla de oficina.

Prevuelta al trabajo
Sobran las explicaciones

La semana que viene ya estaremos a pleno rendimiento una vez más, con apuntes sobre libros y apariciones estelares de nuestros #dedostraviesos entre otras cosas.

¡Ah, la vuelta a la normalidad!

Cerrado por vacaciones

En realidad, son unas minivacaciones, muy minis para lo que nuestras neuronas necesitan. Con un poco de suerte, cuando volvamos las temperaturas habrán descendido adecuadamente y no se nos escurrirá el cerebelo por los ojos.

Como ya hemos dicho en Facebook, si tenéis vacaciones, disfrutadlas al máximo. Y si no, llevadlo con resignación, estoicismo y, siempre que sea posible, buen humor (seguiréis trabajando, pero al menos estaréis esquivando una úlcera de estómago).

Esperamos volver con las pilas recargadas. Si no, esperamos tener un enchufe a mano…

Cerebro en la playa
Neuronas de vacaciones

Vendaval

¡Amarraos los sombreros y cualquier cosa susceptible de salir volando! ¿Por qué? Porque con el último alijo de abanicos (¡Sorpresa! Ejem), podríamos provocar un vendaval. Si fuéramos capaces de manejarlos todos a la vez, claro, cosa dificililla con dos manos nada más.

El asunto es que una de nosotras recibió un precioso abanico como regalo de cumpleaños (¡Gracias!), pero también la noticia de que la tienda en cuestión cerraba por jubilación y estaba liquidando el stock. Abanicos con el 40 % de descuento.* Abanicos preciosos y de calidad. «¡Corre que se vuelan!», dijeron. O algo del estilo.

Así que ni cortas ni perezosas, por eso de que se volaban, se procedió a realizar una visita a la tienda que dejó cierta cartera temblando pese al descuento (también nos trajimos la buena noticia de que abrirá una nueva tienda donde podremos seguir dando rienda suelta a nuestra pasión por los abanicos cuando la situación económica lo permita). Pero vaya si ha valido la pena.

Aquí tenéis el desencadenante de todo:

Abanico azul oscuro
Precioso regalo de cumpleaños

Y aquí lo que se desencadenó:

Seis abanicos de diferentes colores
Alijo de abanicos

Como hemos dicho, había que aprovechar el descuento, aunque el descuento venga motivado por una mala noticia.

Mmm, en vista de nuestra pasión por los abanicos, al final hasta creamos categoría propia. Ya la vemos, ya, entre la de Gajes del oficio y Mundo lector, por ejemplo. O por debajo de Novedades…

*Si queréis más información acerca de la tienda, la noticia del cierre, con la anotación de la apertura de la nueva, la tenéis aquí.

Abanicando que es gerundio

Pues sí, ha llegado el momento de contar la anécdota a la que nos referíamos aquí, básicamente porque, teniendo en cuenta las miradas libidinosas que reciben ciertos abanicos cuando los sacamos de paseo, va camino de repetirse cualquier día de estos…

Os ponemos en situación: terracita de restaurante, una comida de amigos, calorcito, cervecitas y abanico fuera para refrescar un poco. Imaginaos ese rato de relajación, con buena comida y buena compañía, con risas y ambiente distendido. Pinta bien, ¿verdad? Pues ahora imaginaos que os ponéis de pie y se os acerca una mujer de cierta edad ya, muy señorona ella, y os suelta: «Oye, ¿ese abanico de dónde lo has sacado? Porque a mí se me ha perdido uno igual».

Ajá.

Eso mismo.

A la buena señora se le había perdido uno igual.

Qué casualidad.

Así que allí estáis, de pie en la terraza, delante de una mujer a la que no conocéis de nada, con el abanico tan bonito que os regalaron hace un montón de años, sin saber muy bien cómo reaccionar porque no os esperabais que alguien le echara tanto morro al asunto. Al final, lo zanjáis con un «Señora, este abanico es mío» y os vais, porque no vais a montarle un pollo a una mujer que tiene más años que vuestra propia madre (sí, la misma que os regaló el abanico), entre otras cosas.*

¿Qué quería la mujer al acercarse de esa manera? ¿Se creía que le ibais a dar el abanico sin más? ¿Porque le había llamado la atención? ¿Y si lo que le llama la atención es el anillo que lleváis ese día o la cazadora de cuero? «Oye, ¿esos pendientes de dónde los has sacado? Porque a mí se me han perdido unos iguales.»

Es la filosofía del «Si cuela, cuela».

Y olé.

 

* Nota: Hemos omitido del relato toda la retahíla de epítetos que pasaron por la mente en aquel momento a fin de no herir la sensibilidad del ente lector de esta entrada.