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El acuerdo de Melanie Moreland

Si leéis las entradas que publicamos, sabréis ya que no solemos hablar del proceso de traducción en sí, ni de la documentación ni de nada que sea especialmente técnico. En el perfil de Facebook sí que compartimos estados, como los #dedostraviesos o las #conversacionesdetraca, que abren una ventanita a nuestro día a día, pero en plan cachondo. Y en la cuenta de Twitter, por lo diferente que es la red social, compartimos bastante contenido sobre historia o artículos enlazados que nos han llamado la atención.

En el blog, en cambio, nos encanta «anunciar» que salen traducciones nuevas (ya, solemos ser de las últimas, somos así de despistadas), pero nos gusta todavía más cuando, como es el caso de El acuerdo de Melanie Moreland, se trata de la primera colaboración con una editorial. En este caso, hablamos de Terciopelo, con quien llevábamos años, y juramos por Snoopy que no es una exageración, intentando cuadrar fechas. Y no había manera. Hasta que se alinearon los planetas.

El acuerdo de Melanie Moreland

El acuerdo

 

El acuerdo salió a la venta a finales de abril y es una novela romántica contemporánea, ambientada en Canadá, con un protagonista cabroncete y una protagonista inocente, aunque las apariencias pueden engañar, ¿no? Para no destripar mucho por si os apetece leerla, diremos que va de un jefe que necesita parecer lo que no es y de una asistente personal que necesita conservar el trabajo. ¿Vais a encontrar una pasión arrolladora con escenas de cama que hagan arder las páginas? Pues no. Si buscáis eso, este libro os va a decepcionar. Pero si buscáis una historia más clásica y típica con la que pasar un buen rato (y os gustan los protas cabroncetes que se redimen), a lo mejor sí os merece la pena probar.

Como podéis ver, somos unas vendedoras natas… Ejem.

 

 

Prevuelta

O las cositas que hacer antes de volver…

Sí, sí, prevuelta, es justo como suena. Cosas como averiguar qué leches le pasa al SAI (para los entes profanos: Sistema de Alimentación Ininterrumpida o el cacharro para que te dé tiempo a apagar el ordenador sin problemas cuando hay un corte de luz). O como comprobar que todo esté actualizado en el ordenador.

También podríamos haber redactado una entrada épica sobre un unboxing… En concreto, el de una silla de oficina comodísima, pero ¿para qué? Quien más y quien menos ya sabe lo que es un mueble de Ikea.

En fin, que lo bueno se nos acaba y hay que preparar el cuerpo, y el entorno laboral, para la vuelta. Antes, eso sí, nos pasaremos por los contenedores de papel y de plástico, que parece que hemos montado una casa entera en vez de una simple silla de oficina.

Prevuelta al trabajo

Sobran las explicaciones

La semana que viene ya estaremos a pleno rendimiento una vez más, con apuntes sobre libros y apariciones estelares de nuestros #dedostraviesos entre otras cosas.

¡Ah, la vuelta a la normalidad!

De ficciones y realidades

El 26 de mayo saldrá a la venta una de nuestras últimas traducciones, Sprint. Tiene un subtítulo bastante larguito, además de unos cuantos autores. ¿El motivo? No es ficción. De hecho, es una guía práctica para encontrar soluciones. ¿Autoayuda? No exactamente, no, y sabemos de lo que hablamos porque también hemos traducido libros de autoayuda. Qué es y para qué sirve lo dejamos al discernimiento de quien tenga a bien leerlo, nosotras nos quedamos mejor con la experiencia.

Portada de Sprint

Si echáis un vistazo por la lista de libros que llevamos traducidos (que tenemos que actualizar… otra vez), veréis que casi todo es ficción y que, además, casi toda esa ficción tiene tintes románticos. Hemos traducido libros que personalmente nos gustan más y libros que personalmente nos gustan menos, pero creo que ya somos todos bastante grandecitos para saber que los gustos no tienen que ver en el trabajo bien hecho. Es más, muchas veces nos congratulamos (¡Alerta Palabro!) más de esos libros que no nos llamaban mucho la atención como lectoras pero que nos quedaron estupendos al traducir (¡Alerta Abuela!*).

Ilustración de una página al azar de Sprint

Ilustración de una página al azar de Sprint

Es evidente que nos sentimos más cómodas traduciendo el género en el que nos hemos especializado, y con «cómodas» queremos decir que nos conocemos al dedillo expresiones, giros y tramas, que ya son muchos libros traducidos y muchísimos más leídos, pero la comodidad en exceso nunca es buena. Por eso, cuando surge la oportunidad de desviarnos del camino, la aprovechamos. Ya sea un libro juvenil, una novela no romántica o, como en el caso de Sprint, una guía práctica aplicable a la búsqueda de soluciones. Podemos asegurar que fue una traducción complicada, de contenido (que no de vocabulario) y de formato (tiene unos esquemas y unos dibujos que han quedado estupendos, y no son obra nuestra, que solo nos encargamos de la traducción de los textos de las viñetas, el trabajo de edición ha sido de diez), pero ha sido abrir el libro, ver cómo ha quedado y… congratularnos.

*Otra variante de esta alerta sería un precioso: «Modesto, baja, que subimos nosotras…»

De palabros y otras hierbas

 

«Me encanta usar palabros cuando estamos con los históricos.»

Es una cita textual, una frase salida de los dedos de una de nosotras, pero que podría haberlo escrito cualquiera de las dos. Porque sí, nos encanta usar palabros cuando estamos traduciendo libros históricos. A ver, no nos malinterpretéis, traducir novela contemporánea puede ser muy liberador, porque no hay que estar pendiente de cuándo se empezó a usar tal o cual palabra para referirse a algo; pero con la novela histórica… sacamos a la abuela que llevamos dentro. Sí, sí, la abuela. O su forma de hablar, al menos.

Paparruchas, diantres, aldabas, situaciones endemoniadas, locuras de atar, anteojos… La lista es interminable, pero está ahí, en el fondo de nuestra mente, mientras nos metemos en diálogos de otra época. Luego está el vocabulario específico, como la ropa o los carruajes, pero a estas alturas de la película los tenemos tan interiorizados que ya casi ni nos hacen falta los glosarios que creamos (y que actualizamos religiosamente, porque somos así de obsesivas).

Lebrillo de cerámica sobre una base de piedras en el campo, junto a un pozo de agua

Lebrillo en el campo junto a un pozo de agua

¿Lo mejor de todo? Que muchos de esos palabros ni siquiera son tales, porque existen y se siguen usando en muchas zonas. Así que en realidad damos rienda suelta a nuestro lado más antiguo, el de los lebrillos y las guarniciones (para los históricos, la más recurrente es la acepción 6), o el de las jofainas y las palmatorias. De las tejas y demás adornos igual hablamos en otra ocasión.

En fin, no lo podemos evitar, somos así de raras…

 

 

Entre copas anda el juego

Ah, las copas. ¡Las copas! O mejor todavía, los catavinos. Porque sí, esta entrada no va de cristalería de Bohemia, va de vinos. ¿Y dónde se sirven los vinos? Pues hasta diríamos que depende del momento y el lugar (vamos a correr un tupido velo por nuestros años locos de juventud, pero muy tupido), pero normalmente en copas. Más grandes o más pequeñas, pero es así.

Sin hacer una apología del beborcio, que tampoco es plan, y siempre teniendo en cuenta el consumo responsable (¡Si bebes, no conduzcas!), la serie Blue Heron de Kristan Higgins nos ha tenido buceando en el mundo del vino. Desde la viña hasta la botella, con el proceso intermedio. Hemos buscado las diferencias entre vino joven, crianza, reserva y gran reserva. También hemos buscado los tipos de uva, y no sabéis el montón que hay. Que a lo mejor sí lo sabéis, pero nuestros conocimientos del tema eran nivel usuario. Y eso que las dos somos de zonas con una tradición vitivinícola que viene de lejos.

Catavinos en línea con diferentes tipos de Montilla-Moriles, desde el más joven y claro al más añejo y oscuro

Catavinos con diferentes tipos de Montilla-Moriles

¿Qué decir de los vinos de Montilla-Moriles? ¿Y de los de Málaga? Que aunque la cerveza sea lo más habitual a la hora de tapear, hacerlo con una copita de vino es un placer inigualable. Eso sí, hacednos caso en esto: si os pedís vinos dulces de Málaga o un Montilla, id despacio y siempre con alimento, o no os podréis levantar de la silla, porque entran sin darte cuenta, pero suben bien… Vaya que si suben bien… Y no lo decimos por experiencia, ¡qué va! ¡Le pasó a una amiga! Varias veces. Pero siempre a una amiga.

Catavinos sobre la barra de madera en la Antigua Casa del Guardia, de Málaga

Catavinos en la Antigua Casa del Guardia, de Málaga

Como hemos dicho, el mundo de los vinos es… inmenso. Podéis empezar con las viñas, que no siempre están en campos llanos (la Ruta de la Pasa por la Axarquía os dará una buena idea de cómo pueden ser en ocasiones), seguir con todo el proceso de vendimia (que tiene miga y encima varía según el tipo de vino que se quiera conseguir) hasta llegar al envasado tras todo el proceso intermedio. También hay mucha tontería, no podemos negarlo, con las notas de cata y las descripciones que se escapan a los meros mortales, pero que todo eso no evite el disfrute. Al final, por mucho que los expertos se lleven las manos a la cabeza, lo único que importa es el paladar de cada uno.

Cambio de temporada

Hace un tiempo leímos una entrada de El mundillo Today (posiblemente lo hayamos dicho ya, pero por si las moscas: buscadlos en Facebook y en Twitter, son tronchantes) acerca del uniforme oficial de traductor y de lo que supone no encontrar otro igual cuando lo descatalogan. Sintiéndolo en el alma, tenemos que llevarles la contraria.

Tras años de sesuda investigación y múltiples pruebas realizadas con el método de doble ciego (ninguna de las dos veíamos después de varios libros con una fecha de entrega bastante ajustada), hemos llegado a la conclusión de que los cuadros de franela no son lo más IN ni los más COOL en cuanto a la moda para traductores. Al menos, no para las féminas. Además, se siente una liberación tremenda al comprar un uniforme nuevo, ¡y distinto!, todos los años. No nada mejor para dejar patidifuso al cartero habitual.

Ahora que se acerca el frío, que ya toca el winter de las narices o por lo menos un otoño fresco, Women’s Secret y Oysho nos saturan las bandeja de entrada con lo último en moda para el hogar (no, no tenemos tanta categoría como para buscar pijamas en El Corte Inglés). La Pantera Rosa, Miffy, las flores y los lunares harán furor en esta nueva temporada. Hay cuadros, sí, pero no de franela. Mejor de tela polar, que da más calorcillo y le salen menos bolitas.

Llevamos muchos años aguantando los comentarios malintencionados que dicen que lo nuestro no es un trabajo, que eso de estar delante de un ordenador dándole a la tecla es una afición para pasar el tiempo y que es imposible ganarse la vida honradamente con la traducción (de ganarse la vida no vamos a hablar, pero ricas desde luego que no vamos a hacernos, las cosas como son), pero vistos los nuevos modelos que tendremos a nuestra disposición durante este otoño-invierno, creemos que es pura envidia.

¿Quién no nos tendría envidia si llaman a nuestra puerta y salimos a abrir, ya sean las 11 de la mañana o las 5 de la tarde, de esta guisa?

 

 

Pijama de mujer a rayas horizontales negras y blancas

Pijama elegante a rayas

Pijama de mujer con estampado de Miffy

Pijama con un toque desenfadado

Y son los más sencillitos, porque si ponemos los que llevan puntilla en el escote, os da algo. O los de satén. Mmm, aunque al mensajero de turno podría mandarle las señales equivocadas, lo mismo se cree que somos personas de vida ociosa porque queremos y no porque el mundo nos ha hecho así.

Así que, ya sabéis, con el cambio de estación toca cambio de pijama.