Archivo por meses: Febrero 2016

Amores instantáneos

Bonita traducción literal que nos ha quedado en el título de la entrada con ese «Amores instantáneos», lo sabemos, lo sabemos. Tendríamos que haber usado algo como «amores fulminantes», pero entonces no queda tan así. A lo que íbamos: en el mundillo anglosajón de la romántica se denomina a cierto tipo de situaciones instalove, algo que si nos ponemos castizas, viene a ser el flechazo de toda la vida… aunque más a menudo se trate de un simple calentón.

Vamos a dejar clarito desde el principio que creemos en el flechazo, en esa atracción a simple vista que te hace no dejar de pensar en la otra persona, que te provoca ese cosquilleo y esa tontería tan monas (aunque luego te mueras de la vergüenza al recordarte en aquella fase). También creemos vehementemente en el calentón. Señoras, señores, somos ya grandecitos para andarnos con tonterías: el aquí te pillo, aquí te mato existe. Y lo sabéis tan bien como nosotras. Si después de ese flechazo o del calentón (o calentones) de turno hay algo más, solo el tiempo lo dirá. El tiempo que necesitamos todos los seres humanos para conocernos.

Ahora el instalove como tal… ¿Conoces a alguien y ya sabes que es el amor de tu vida? ¿Lo ves al otro lado de la habitación y empiezas a planificar la boda y el número de niños que vais a tener? Y lo mejor de todo: ¿lo lleváis a cabo sin conoceros? Pues nos gustaría ver la tasa de divorcios de este tipo de parejas. Y quien dice divorcios dice rupturas, que no hay que pasar por la vicaría ni por el juzgado/registro de turno a estas alturas de la película.

Las novelas románticas que usan este tipo de flechazo absoluto nos provocan sentimientos encontrados. Pueden ser un divertimento estupendo, ligeras y entretenidas a más no poder, pero ¿dónde queda el amor? Y ya que nos ponemos sentimentales, vamos a usar la mayúscula, porque nos referimos al AMOR en toda su magnitud. Y para querer a alguien plenamente tienes que conocerlo. Conocer sus bondades, sus manías y sus filias y fobias. Si nos quedamos en la atracción superficial, ¿es realmente amor?

Ya sabéis que para nosotras los pesky little details son más que detalles y que de pequeños tienen poco. No les pedimos a las novelas románticas que nos cuenten cómo vivieron felices y comieron perdices, pero sí, al menos, que nos permitan imaginar semejante futuro.

Marquitis aguda

Es viernes, tenemos sueño y mucho curro por delante antes de poder echar el cierre hasta la semana que viene, y encima nos corroe cierta mala baba precisamente por el sueño y el curro acumulados. Vale, la mala baba podemos gastarla en muchas otras circunstancias, pero la de hoy en concreto es por algo que llevamos unos cuantos años observando en libros (también en series y películas): la marquitis aguda.

Bonito palabro, ¿eh? La marquitis aguda no es otra cosa que la manía de poner las marcas, cuanto más caras mejor, de todo lo que usan los personajes de un libro. Y si no es todo, se le acerca peligrosamente. Ya pocos personajes llevan vaqueros (jeans o tejanos o como queráis llamar a la prenda), llevan Levi’s, por un poner. Y no llevan unos zapatos de tacón, llevan unos Manolos. Tampoco llevan bolso, el paquete de pañuelos de papel va dentro de un Gucci monisisisimo. ¿Vais captando la idea?

Esta moda, que como ya hemos dicho lleva bastante tiempo activa, nos resulta especialmente molesta porque no suele aportar nada a la trama. ¿Es necesario saber qué marca de vaqueros usa tal o cual personaje cuando está preparando el desayuno? ¿Y la marca de la maleta mientras te describen cómo atraviesa la terminal de un aeropuerto? Si el personaje es pudiente, ¿no hay mejores maneras de enseñárnoslo? Todavía si fuera pijo sin más, tendría un pase que no dejara de mencionar las marcas en los diálogos o en la narración si el libro está escrito en primera persona, pero ¿cuando la narración está en tercera persona? Queda raro de narices.

A ver, no nos malinterpretéis, no nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que vemos una marca (mucho menos con según qué marcas, que ya las quisiéramos para nosotras), pero todo se resume en si aporta algo o simplemente está ahí por… ¿quedar bien? ¿Dar publicidad con o sin remuneración? ¿Rellenar? ¿No sabía qué poner y le salió así? En fin…

El último tropiezo con la marquitis la tuvimos en la última aventura de Brooklyn Wainwright, protagonista de la serie Bibliophile Mysteries, de Kate Carlisle (la serie, lo decimos sin tapujos, es una sucesión de tópicos y situaciones surrealistas que, incomprensiblemente, seguimos leyendo… puro escapismo, vamos… eso y que tiene como pareja de la protagonista a un antiguo agente del MI6 británico). La protagonista está abonada a las Birkenstocks… No a unas chanclas cómodas para estar en casa o a unas sandalias playeras, no, a las Birkenstocks. Considerando que está a punto de salir el décimo libro de la serie y que ya nos sabemos de memoria los gustos de Brooklyn, ya podría aflojar un poco con tanta repetición de la marca, ¿no? Lo dicho, en fin…

Series eternas

Cuando alguien nos pregunta cómo podemos llevar cuarenta y dos (42) libros leídos de una misma serie, y eso sin contar las historias cortas, tenemos que reconocer que ni nosotras mismas nos lo explicamos. Parece una serie eterna, eternísima, y sin visos de acabar. La única razón que podemos dar es que nos hemos enamorado de los personajes que J.D. Robb ha creado en su serie In Death. Ya no hablamos de Roarke (que es muy Roarke y mucho Roarke, parafraseando a nuestro… docto presidente del gobierno) ni de Eve (sí, estamos enamoraditas de Eve), sino de todos los demás. Desde Summerset hasta el detective nuevo de la división (y no hablamos del flamante detective, que es un spoiler como una catedral). Desde Nadine Furst hasta Dennis Mira. Ah, Dennis Mira… Tiene un papel importantísimo en la última entrega de la serie, Brotherhood in Death, y con cada aparición nos enamora un poco más.

Portada de Brotherhood in Death, de J.D. Robb

Brotherhood in Death (nº 42 de la serie)

Empezamos a leer las novelas de Eve Dallas allá por… ¿2004? ¿2005? Nos las recomendó una amiga (Pilo, esa recomendación no se puede pagar) y empezamos leer Naked in Death con un poco de reserva, porque ya sabemos lo que puede pasar con las recomendaciones de amigos. Y hay que tener en cuenta que es una historia futurista. Una historia de polis yanquis en el futuro… Vamos a resumir diciendo que en menos de un año ya estábamos al día de la lectura.

Hay un momento en toda serie, sobre todo si es tan larga como esta, en que su autor tiene que decidir qué camino tomar. Y J.D. Robb ha decidido ampliar el mundo de Eve y Roarke (sobre todo el de Eve), nos ofrece una visión plena del grupo de personas que se ha reunido en torno a la pareja protagonista. Seguimos viendo pinceladas de su vida en común, con sus peleas (menudo genio se gastan los dos), sus reconciliaciones y sus manías; pero hasta las escenas de sexo son más cortas y menos trascendentes (quien haya leído a esta autora, ya firme como J.D. Robb o como Nora Roberts, sabe que sus escenas de cama tienen algo de místico), algo que la trama agradece, la verdad sea dicha. En definitiva, se ha centrado en el día a día de una teniente de homicidios un tanto especial… y para nosotras que ha acertado.

Después del chasco que nos llevamos con el último de Eloisa James, no sabéis lo bien que sienta abrir el número 42 de una serie y no querer soltar el libro hasta llegar al final. Porque si bien hay series que se te pueden hacer eternas, hay otras que quieres que lo sean.

 

Chascos

En esta vida hay que acostumbrarse a los chascos. Y nos referimos a chascos de cualquier tipo: una entrevista de trabajo que sale mal, un ligue que parecía ir a más y se queda en nada, un plato que preparaste con todo esmero y acaba en la basura por incomible… o un libro que esperabas como agüita de mayo, con toda la ilusión del mundo, y que te deja con ganas de estampar el lector contra la pared.

Este fin de semana hemos pasado por esa experiencia (las dos, sí, que nos lo hemos leído casi a la par) con el último libro de Eloisa James, My American Duchess.

Portada de la edición norteamericana de My American Duchess, de Eloisa James

My American Duchess, de Eloisa James

¿Portada sugerente? Pues la premisa de una norteamericana que consigue agenciarse un duque inglés tenía muy buena pinta… hasta que empezó la historia y pasamos del primer capítulo. Situaciones manidas, escenas que dejan ojiplática y un crecimiento personal de los personajes y de su relación casi nulo. ¿Dónde está la Eloisa James de los diálogos chispeantes? ¿Dónde está la que sorprendía? En este libro os decimos desde ya que no la hemos visto salvo en alguna escena suelta.

Siguiendo el sistema de puntuación de Goodreads (tan bueno como cualquier otro), estaría más en las dos estrellas que en las tres, y la tercera la conseguiría por cierta mejora al final del libro (pasajera) y la anécdota de las piñas. Cruzamos los dedos para que el siguiente libro de la serie Desperate Duchesses, titulado provisionalmente Seven minutes in heaven (la fecha de publicación que hemos encontrado habla del 1 de diciembre de este año), no vaya por los mismos derroteros.

En otro orden de cosas, mañana sale a la venta el siguiente de la serie In Death, de JD Robb: Brotherhood in death. Ojalá no nos llevemos otro chasco.