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Aviso a navegantes

La entrada de esta semana no iba a ir por aquí; de hecho, está medio compuesta ya, redactada a ratitos libres, pero hemos recibido un privado que nos ha llevado a cambiar de tercio. Antes de nada, no es un ataque contra quienes se han dirigido a nosotras (el privado del que os hablamos no ha sido la primera vez), sino que vamos a dejar bien clara nuestra postura para evitar futuros malentendidos. Allá vamos.

Aunque a estas alturas de la película ya debería haber quedado más que claro, parece que no, así que procederemos a emitir un nuevo aviso a navegantes, esta vez un poco desorientados, para que no haya lugar a dudas:

Esta página (y con esta página incluimos las cuentas asociadas de Facebook, Twitter y Pinterest) es el perfil público de dos traductoras literarias profesionales. Eso quiere decir que no sabemos dónde «encontrar» libros en español (ni en ningún otro idioma) más allá de las librerías, ya sean digitales o físicas.

Todos los libros que comentamos entran en una de estas tres categorías:

  • los hemos traducido nosotras;
  • seguimos las series/sagas o nos gusta la autora (como lectoras que también somos); o
  • nos han llamado la atención.

No es cuestión de que seamos más o menos bordes, para nosotras es cuestión de supervivencia: trabajamos, y comemos, gracias a la traducción profesional. Es decir, una editorial contrata (literalmente, con contrato de por medio) nuestros servicios (pagando) y traducimos el libro que nos encarga en el plazo indicado. Tan sencillo y tan complicado como eso.

Así que os pedimos por favor que, antes de hacer ciertas preguntas, recordéis una máxima por la que las personas que tenemos que trabajar para ganarnos la vida solemos regirnos: «Con las cositas de comer no se juega».

Nuevos aires

¡Sí, tenemos nuevos aires! Y ese «aires» es de lo más literal que podáis imaginar. ¿Por qué? Pues porque ¡tenemos abanicos nuevos! ¡La colección crece! Esto… mucha exclamación, será cosa del café y la aceleración que llevamos encima.

El asunto es que estamos bien contentas. Nuestros bolsillos no lo están tanto, pero no se puede tener todo en esta vida. Y le tenemos echado el ojo a unos más, que nos faltan colores… Ejem…

Aquí van fotos de las colecciones (falta alguno que otro, perdido en las inmensidades de los bolsos, esos pozos sin fondo):

Seis abanicos abiertos, cuatro en color madera de diferentes tonalidades y dos negros

Colección de abanicos en tierras cordobesas

Colección de abanicos en tierras malagueñas

 

¿A que son bonitos? Y no os contamos el arte que tenemos para manejarlos… Esto suena a ¡Alerta Abuela!, pero es que de ellas nos viene la costumbre, así que tampoco está tan mal. Y mientras no inventen un sistema de aire acondicionado para las calles, nosotras seguiremos echándolos al bolso. Y otro día lo mismo os contamos una anécdota muy curiosa que le pasó a una de nosotras precisamente con un abanico y una señora con muy buen ojo y mucha cara dura.

Ahora que luce más el sol

Al repasar las publicaciones que compartimos en Facebook y en Twitter, cualquiera diría que nuestras mentes son de un disperso que asusta. Y a dicho cualquiera no le faltaría razón en cierto sentido: tenemos un montón de inquietudes, por llamarlas de alguna manera, y somos dos, así que ya os podéis hacer una idea. Las civilizaciones antiguas en general y Egipto en particular, todo lo relacionado con la Regencia inglesa y la época victoriana, curiosidades de la lengua, noticias astronómicas (que no astrológicas), imágenes curiosas, humor gráfico, bosques, paisajes urbanos, teatro, perros… Vamos, que no será por falta de opciones.

Ahora que los días son más largos, el mismo cualquiera de antes podría pensar que tendríamos más tiempo para hacer todas esas cosas que nos gustan. ¡Je! Los días son más largos, sí, pero el calor empieza a apretar y tenemos que meter las horas de trabajo, el remunerado y el que no lo es (ya sabéis, la casa no se limpia sola y hace mucho que descubrimos que los duendes del frigorífico solo aparecen cuando algo se ha pasado de fecha), más algo de ejercicio para no quedarnos con la forma de la silla y el culo en plan pantalla de cine (nuestras perras también agradecen el ejercicio, por cierto), más todo lo demás,  en las horas de menos incidencia solar… que es la manera fina de decir «las horas en las que no te asas».

Por una vez, ser autónomas nos supone una ventaja, ya que podemos adaptar las horas delante del ordenador según las necesidades (y echamos muchas para entregar las traducciones a tiempo). A ver, ser autónomas que trabajamos desde casa, claro, porque quien tenga que desplazarse… El caso, que intentamos no estar dobladas sobre el teclado con el peso del calor, por mucho aire acondicionado que pongamos. ¿Qué hacemos en cambio? Usar esas horas de calor máximo para descansar, con la tableta buceando en la historia o viendo alguna serie en la tele… O, que a esto venía toda la parrafada que os hemos soltado hasta el momento, con una SIESTA QUE NO SE LA SALTA UN GALGO.

Una mujer tumbada en un diván, a la sombra, echándose una siesta

La siesta, un pequeño placer

Sí, sí, SIESTA, en mayúsculas, de las que te despiertas sin saber ni qué día es, cuando el sol todavía está en todo lo alto, porque en verano no se pone hasta las tantas de la noche. Una SIESTA de las merecidas después de la labor bien hecha, después de poner y tender esa lavadora que no puede esperar o de pasarle el trapo a los muebles. Una SIESTA de las que cualquier persona se merece. Las SIESTAS son pequeños placeres, pero también un lujo, porque sí, el tiempo es oro, y ya se sabe que los que no tenemos mucho oro hacemos malabares con el tiempo.

Os invitamos a echaros una buena SIESTA cuando tengáis la oportunidad. Que disfrutéis de ese breve momento absolutamente egoísta. Porque os lo pide el cuerpo, porque os apetece. Tenemos muy claro que quien más protesta de las SIESTAS suele ser quien menos las necesita.